Apnea del sueño en mujeres: cuando el cansancio diurno y el insomnio son señales que el cuerpo repite cada noche
Los ronquidos fuertes no son la única pista. En las mujeres, el trastorno puede pasar inadvertido durante años y manifestarse con agotamiento, cefaleas matutinas y dificultad para dormir; un recorrido por los síntomas, los métodos de detección y los momentos de mayor riesgo.
Son las siete de la tarde en un consultorio del barrio de Belgrano y la luz que entra por la ventana se va apagando de a poco mientras Carolina, vecina de San Isidro, se acomoda en la silla y empieza a contarme que hace por lo menos tres años se levanta como si no hubiera dormido. Viene, me dice, con una palabra que en su boca no significa sueño sino algo más grande, como un peso que se carga desde que suena el despertador. Lo primero que pensaron ella y su médica de cabecera fue estrés, después menopausia, más tarde insomnio. Ninguna de esas respuestas terminó de cerrar.
El caso de Carolina no es una excepción. El agotamiento durante el día, el dolor de cabeza al despertar, la dificultad para iniciar el sueño o mantenerlo y los cambios de humor pueden ser manifestaciones de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que en las mujeres suele quedar fuera del radar clínico durante años. Una revisión reciente estima que hasta el 75% de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico y que alrededor del 40% no presenta los signos más conocidos, como los ronquidos intensos o los ahogos nocturnos que cualquier familiar advertiría desde otra habitación.
Por qué los métodos de detección pueden quedarse cortos
Los cuestionarios que usan datos como edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar el riesgo, pero tienden a identificar menos casos entre mujeres, porque fueron pensados a partir de poblaciones donde los ronquidos fuertes eran la señal principal. Algunas pruebas domiciliarias, además, pueden registrar de manera incompleta las alteraciones respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño, que es justamente cuando el cuadro puede hacerse más evidente en ellas. Un resultado inicial sin alteraciones, entonces, no siempre alcanza para descartar apnea si los síntomas siguen presentes. El paso siguiente suele ser un estudio nocturno en un centro especializado, donde se observan la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso.
Lo que ocurre durante la noche, me lo explica una neumonóloga que atiende en el Hospital Álvarez mientras revisa una historia clínica, es que la garganta reduce o bloquea repetidamente el paso del aire. El oxígeno baja y el organismo responde con despertares breves que casi nunca se recuerdan. Por eso la queja no es el ronquido sino el cansancio, por eso la cefalea matinal, por eso esa sensación de no haber cerrado los ojos. El trastorno se asocia además con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, y esa conexión es la que vuelve tan importante no dejar pasar las señales.
Embarazo y menopausia como momentos de mayor vulnerabilidad
- Durante el embarazo puede aparecer apnea o empeorar un cuadro previo, por los cambios hormonales y de peso que modifican la vía aérea.
- El abordaje en esa etapa debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño, para evitar estudios o tratamientos que no correspondan.
- Si hay una cirugía programada, es clave informar al equipo médico sobre el trastorno, ya que la anestesia y la analgesia pueden influir en la respiración durante la noche siguiente.
- La menopausia concentra otro pico de riesgo, porque la caída de estrógenos modifica la estructura de la garganta y la respuesta ventilatoria.
- La CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria mediante presión de aire, es el tratamiento más usado, pero requiere indicación profesional y un ajuste personalizado.
Mientras la consulta termina y la neumonóloga le explica a Carolina que va a pedir un estudio completo del sueño, le escucho una frase que me parece que resume mejor que cualquier manual lo que viven miles de mujeres en esta ciudad: yo no roncaba, me decía, y por eso nadie pensó que esto me podía pasar a mí. Esa confusión entre lo que se asocia con apnea y lo que realmente la apnea produce es, justamente, el punto ciego que mantiene a tantas pacientes sin diagnóstico durante años.
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