Adiós a Rubén Rada: las frases del maestro uruguayo sobre los pibes que renuevan la música popular
El creador de "Blues en la luna" murió a los 87 años y dejó una mirada lúcida sobre el presente: elogió a Tini, Trueno, Wos y Catriel, reivindicó el tiempo de los jóvenes y les dejó una advertencia a los que recién arrancan.
La noticia me cayó como un balde de agua fría mientras ordenaba unos papeles en la redacción: Rubén Rada, el viejo Rubén, se había ido. Pocas horas después de confirmarse el fallecimiento, me puse a repasar las entrevistas que había dado en los últimos tiempos y ahí entendí que el tipo, además de haber sido un monstruo del candombe y del jazz en Río de la Plata, se había tomado muy en serio eso de mirar el presente sin anteojos. Rada no vino a pelearse con nadie ni a despotricar contra el reguetón ni contra el trap. Al contrario: se sentó frente al micrófono y nombró, uno por uno, a varios de los pibes que están llenando estadios hoy.
Un mapa de afinidades inesperado
Cuando le preguntaron por la escena actual, Rada largó nombres que nadie esperaba en boca de un septuagenario curtido en Montevideo. "Tini, Trueno, Wos y una cantidad de artistas nuevos que están rompiendo, Conociendo Rusia. Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho", dijo, con ese tono de padre orgulloso que se le notaba hasta en las comas. No se quedó ahí: mencionó también a Nafta, a Catriel, a Ricardo Mollo y hasta a El Plan de la Mariposa, con quienes coincidía cada vez que bajaba a la Argentina a tocar. Lo notable es que los trataba de igual a igual, sin paternalismos baratos ni esa muletilla tan criolla del "antes todo era mejor".
“Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos.”Rubén Rada
Esa frase, pronunciada con la tranquilidad de quien sabe que el público no le va a discutir nada, resume el pensamiento de Rada sobre el recambio generacional. Para el uruguayo nacido en la Ciudad Vieja montevideana, la nostalgia es un mal negocio: los pibes de hoy cuentan con recursos de producción, plataformas y sonidos que él ni se imaginaba cuando arrancaba a cantar a los veinte, y esa diferencia, lejos de asustarlo, lo fascinaba. Lo contó con una anécdota bien concreta: dijo que había grabado un tema con un rapero y que la canción acumuló quince millones de reproducciones en las plataformas. "Mis nietos me dijeron que recién ahí me había ido para arriba", remató, entre risas. La ocurrencia decía mucho más de lo que parecía: para el abuelo Rada, el escenario cambió y el que no se sube al tren se queda cantando en el andén.
- Tini Stoessel, la popstar marplatense que Rada seguía de cerca.
- Trueno, el rapero de La Boca al que nombraba cada vez que podía.
- Wos, el rapero y cantante de Saavedra que admiraba por su búsqueda artística.
- Conociendo Rusia, el proyecto de Mateo Palacios que elogiaba por su sensibilidad.
- Nafta y Catriel y Paco Amoroso, parte de la camada más experimental que él escuchaba.
- Ricardo Mollo, el chaqueño de Divididos, con quien lo unía una amistad de décadas.
- El Plan de la Mariposa, el grupo hippie con base en Necochea que solía nombrar con cariño.
La advertencia a los que recién arrancan
Pero el viejo Rubén no era solamente un abuelo benevolente que aplaudía todo. Tenía una vara alta y la blandía con el mismo cariño con el que daba los consejos. "Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree", decía, mirando fijo a los más jóvenes. Para él, la evolución era la única moneda que tenía valor real en la música popular, y quedarse quieto era el camino más corto al olvido. Lo decía alguien que había cambiado de piel varias veces a lo largo de su carrera, pasando del jazz al candombe, del candombe al pop, del pop a la fusión con rap y electrónica, sin pedirle permiso a nadie.
En la misma ronda de charlas, Rada hizo una confesión que a mí me dio ternura: dijo que no había alcanzado la masividad de otros colegas de la región y que se sentía, más que nada, un músico querido por los músicos. "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público", soltó, con esa mezcla de sinceridad y picardía que lo caracterizaba. Sin embargo, esa falta de masividad nunca lo amargó: la vivía casi como una elección estética, un modo de habitar la música que le permitía moverse con libertad. La próxima fecha que tenía agendada era justamente un show en Montevideo, ciudad a la que llegó desde Salto de muy pibe y donde construyó toda su carrera. Aunque el escenario ya no lo va a recibir, las palabras que dejó sobre los pibes que vienen y sobre la necesidad de reinventarse se escuchan todavía, y suenan más fuertes que nunca.
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